viernes, 23 de febrero de 2018

La filosofía de la empanada

Antes de ayer, me fui en nostalgia y publiqué en mi Instagram esta foto de una empanada. Sí, de una e-m-p-a-n-a-d-a. Mientras escribía el caption (mensaje) que iba con la foto, me llegó a la mente esta frase que me parece digna de resaltar: 




"LO QUE CREES QUE SE ENCUENTRA EN TODOS LADOS, NO EN TODOS LADOS SE ENCUENTRA". 



Puede sonar a redundante estupidez, pero muchos amigos -sobre todo de los que no están viviendo en República Dominicana- me comentaron que se sentían muy identificados. 

Les explico. Las empanadas son uno de mis bocadillos favoritos. Desde las que vendían en la cafetería del colegio, hasta las que freía un panita en el carwash de la esquina que está frente a Bella Vista Mall y luego las que mandaba a comprar en la esquina cerca de el periódico El Caribe, cuando trabajaba en Pandora.  

En mis años de universidad, me comía una empanada al menos una vez a la semana. Por lo que toda esta información les puede sugerir que en Santo Domingo, encuentras una empanada en cualquier esquina. El asunto es tan común que se ha vuelto corriente. Comida vulgar que come cualquiera cuando no tuvo tiempo de desayunar, cuando el presupuesto no da para una comida decente, cuando el cuerpo pide grasa, cuando no estás en meriendas saludables... en fin, comida corriente. 

Pero a cosas como esas, -tan comunes, tan al alcance- te acostumbras. Tanto que cuando luego te mudas de país, no puedes creer lo difícil que puede ser encontrar un lugar dónde comerte una empanada. 

Mis dos años en Nueva York son un ejemplo. Es cierto que en el Bronx, las vas a encontrar. Pero en White Plains, en Tarrytown, en Purchase... tienes que buscar bien. Y no crean que me dí por vencida. En White Plains encontré mis empanadas en una minicafetería en la esquina de Main St con Brodway (para quienes llevan anotaciones y necesitan el tip). 

¿Pero aquí en Hungría? ¡Ay amigo! La cosa se aprieta. No me quedó de otra que hablar con mi abuela, que era experta en yaniqueques y pedirle su receta. Y es así como esas empanadas de la foto, se convirtieron en las primeras. Me enorgullece pensar que son una prueba de que tiro pa' lante, de que llevo el cocinar en la sangre, de que puedo montar mi propio puesto de empanadas si me hace falta...

Pero también la realidad es que hay pequeñísimas cosas que damos por sentado y sólo al contemplar algo como una empanada nos damos cuenta de que "lo que crees que se encuentra en todos lados, no en todos lados se encuentra". 


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